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jueves, 30 de septiembre de 2010

La conquista del desierto urbano

    En épocas de crítica y oposición puede reconocerse un punto en común a todos los partidos políticos y ciudadanos partidarios: la intención de encontrar diferentes modos para cuidar el medio ambiente y reducir la contaminación. Un proyecto, ya implementado en otras ciudades del mundo, como Tokio, Chicago y Toronto, está empezando a hacer ruido en la Ciudad de Buenos Aires.


    Se trata de un estudio publicado en la revista científica Environmental Science and Technology (Para quienes se animen a leerlo en inglés) que indica que los "techos verdes" pueden recepcionar casi 55 toneladas de carbono. La idea es colocar plantas, que no requieran mantenimiento, en las terrazas de los edificios públicos para comenzar a limpiar el aire contaminado.

    Esta medida, muy acertada, ya fue implementada en la ciudad por el CGP 2 (En Uriburu al 1000, entre Santa Fe y Marcelo T. de Alvear - Recoleta), que colocó 24 planchas de tierra (de 15 cm de alto) con vegetación económica, resistente al clima porteño. Este edificio público, dirigido por Facundo Carrillo, dio el puntapié inicial para comenzar a aprovechar las casi 130 mil contrucciones de Capital Federal que tienen terrazas en desuso.




    La idea de utilizar estas planchas es crear un espacio verde artificial que apoye a los parques y árboles callejeros que no dan a basto para limpiar el aire viciado de la city porteña. Además esta vegetación tendría otros beneficios:


  • Al lograr la masividad, se reducirá considerablemente la temperatura media que castiga a la ciudad en el verano. Las plantas absorverían el calor y provocarían un clima más templado.

  • La vegetación tiene "un poder acústico" que reduce la contaminación sonora.

  • Se reducirá la emisión de gases de efecto invernadero.


    Jorge Leder, el arquitecto a cargo del proyecto, comentó en el diario La Nación que ya está en marcha el proyecto para modificar la Ley de Edificación que pretende aplicar la mayor cantidad posible de terrazas verdes. Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gabinete porteño, explicó en el matutino La Razón que el gobierno avanzará con esta idea en los edificios públicos. Por su parte, el Pro busca sumar a las entidades privadas a esta iniciativa con la motivación de otorgar beneficios impositivos.
   


sábado, 18 de septiembre de 2010

VAYAS A DONDE VAYAS

    Al terminar la nota sobre el Bingo de Caballito, al que he concurrido en varias oportunidades y puedo certificar que no respeta la ley antitabaco, me puse a pensar en cuántos lugares frecuento en la semana que infringen esta ley. 
    Desde hace varios años, fin de semana tras fin de semana, mi grupo de amigas y yo concurrimos al mismo boliche. Por cercanía, por la seguridad de encontrar amigos del barrio o por la entrada con descuento que recibimos, pasamos más de la mitad de los sábados del mes ahí adentro. 


    Es casi un ritual, una costumbre. Cada vez que nos proponemos cambiar de destino algo sucede. "Me dijeron que ese lugar al que quieren ir es muy caro", "Es muy lejos", "Tenemos que pedir varios taxis y se va a hacer tarde", son algunas de las hipócritas excusas que usamos cuando no tenemos ganas de caminar más allá de las diez cuadras que exige este sitio.


    No voy a dar el nombre del lugar, porque desde que tengo 15 años lo convertí en mi boliche de cabecera y así como sucede con un ser querido, lo aprecio con defectos y virtudes. (Un poco exagerado, ¿no?).


    En fin, desde que la ley antitabaco entró en vigencia mis amigas han mal gastado decenas (o centenas) de cigarrillos al ser alumbradas por un puntero láser. Cada vez que alguien atinaba a encender un pucho o, a escondidas, comenzaba a disfrutar de uno debía tirarlo porque parecía ser que se respetaría la ley a rajatabla. Los patovicas se encargaban de advertir y amenazar con la expulsión a aquellos que persistieran con la idea de fumar adentro del local.




    Con sensaciones encontradas, entre fastidio y conciencia social, mis amigas se acostumbraron a dejar el cigarrillo de lado o, al menos, a dar pequeñas pitaditas por lo bajo hasta ser descubiertas.


    Tras las quejas recibidas por los habitués y los nuevos visitantes del local bailable, los dueños del lugar decidieron invertir algo de dinero (no mucho) en contratar más personal de seguridad y aprovechar el primer piso del boliche para los viciosos del tabaco. Lógicamente apareció un problema: todos querían estar arriba y nadie abajo.


    La disco parecía vacía, aunque en realidad estuviera sobrepasando la capacidad permitida (otra mandada al frente, ¡ja!), y los dueños del local consideraban que no era buena prensa para una disco que venía reventando las boleterías.


    Por un lado el boliche era pionero en contar con espacio diferenciado para fumadores, pero por otro lado, la gente se acumulaba en un sitio que no estaba preparado para albergar semejante cantidad de gente. 


    Finalmente y sin el problema resuelto, el lugar decidió cerrar sus puertas por un tiempo para realizar algunas modificaciones.


    Aquellos días sin NUESTRO boliche fueron durísimos, volvieron las peleas para decidir a dónde ir (somos un grupo numeroso) y tuvimos que hacer un bollo y tirar a la basura aquellas noches en las que las agujas del reloj nos jugaban una mala pasada. Aunque todas decían que era una buena oportunidad para cambiar de aire y conocer gente nueva, en el fondo admitían extrañarlo. 


    Se empezó a correr la bola en el barrio de que el boliche había cambiado de dueños y sería lo más parecido a Esperanto en toda la Capital Federal. Las expectativas eran enormes y a medida que se acercaba la apertura del nuevo local, comenzaban a rumorearse las diferentes reformas arquitectónicas que tendía.


    Al abrir sus puertas descubrimos que lo único nuevo era una baranda que hacía creer a la gente más importante según de que lado se encontrara. (Era un V.I.P : Very Important People, en inglés). De este modo, sólo aquellos invitados "muy importantes" podrían fumar en el lugar. Lo chistoso era que lo único que separaba un sitio "libre de humo" de aquel con aire viciado era un caño, que claramente no tiene poderes aislantes. 


    Las quejas se amontonaron y la gente empezó a dejar de asistir. Por tal motivo, los dueños del boliche decidieron ignorar lo dispuesto por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y permitir que en todo el local se fume. 


    Hoy, que todavía la ley sigue en vigencia, los olvidadizos le pueden pedir fuego a los patovicas, que fuman sin problemas mientras custodian que todo funcione como debe.

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  •     ANÉCDOTA
    Ayer a la noche fui al Hipódromo de Palermo a jugar a la ruleta electrónica con mi novio. Empapada con mi repentina militancia antitabaco, me animé a preguntarle al hombre que se encargó de asegurarse que no fuera menor de edad por qué en este lugar se podía fumar.



     El señor, al que le miré la chapita de identificación pero no voy a delatar, quedó descolocado. Me causó gracia ver que miraba para todos lados como buscando una cámara oculta. (No es un chiste, así fue). Y después de tartamudear un par de veces me confesó: "No se debería fumar, pero no se puede ir contra toda esta gente que va a dejar de venir si prohibimos el cigarrillo".


    Con una sonrisa cómplice, para sacarle más información le pregunté si había algún arreglo con el Gobierno de la Ciudad. Con la voz temblorosa de nuevo y con una intento de picardía me dijo: "Por lo menos hay un salón para no fumadores".    [Fuerte ese aplauso para el Hipódromo que piensa en nuestra salud]   


jueves, 16 de septiembre de 2010

AZAR Y TABACO SE SUELTAN LA MANO

    El Bingo Caballito tuvo que cerrar las puertas de su planta alta por no cumplir con la ley antitabaco porteña. Sin embargo, horas más tarde logró que vuelvan a habilitar el sector pero con la prohibición momentanea para fumar.
  
    Afortunadamente la restricción del cigarrillo en lugares cerrados entró en vigencia en 2006 en la Ciudad de Buenos Aires y desde entonces aquellos que deseen disfrutar un cigarrillo deberían hacerlo separados de quienes lo padecen.

    Sin embargo en muchos sitios de la Capital Federal esta ley no se respeta. Buscando no descuidar a la clientela y también por una cuota de desidia, los encargados de los locales prefieren desentenderse del asunto.
    
    Cómo fumar tabaco no es un delito la prohibición no podía ser total. Por la presión generada por los adictos al cigarrillo y los dueños de los espacios cerrados más frecuentados, se establecieron algunas excepciones. El artículo 21 de la ley 1799 explica:

    “Las zonas habilitadas para fumar deberán estar debidamente señalizadas, apartadas físicamente del resto de las dependencias, no ser zonas de paso obligado para población no fumadora y disponer de sistemas de ventilación independientes”.
   
    Este fragmento, asi como la totalidad del escrito, hace referencia a bares, restaurantes, locales bailables y los shoppings. En ningún momento son mencionados los bingos y casinos. De todas maneras, si la ley dejará excentos a distintos sitios de concurrencia pública estos últimos establecimientos no deben quedar afuera.

    Aquellos que fuman aseguran que disfrutar un cigarrillo actua como un tranquilizante, que reduce la ansiedad que genera estar a punto de ganar o seguro de perder. En los lugares que se fomentan los juegos de azar, más que en ningún lado, debería permitirse fumar pero siempre respetando a aquellos que no deseen compartir el humo.

    Los vidrios aislantes mantienen protegido a los no fumadores y las ventilaciones especiales hacen que los dañinos componentes del cigarrillo no se filtren. Muchos bares, mayormente concurridos por la tarde, han implementado este tipo de diferenciación entre los sectores y prolongan su funcionamiento sin ninguna contravención.
   
    El Bingo Caballito cuenta con un salón general, en el que no se permite fumar, y otro al que se ingresa por una escalera hacia arriba. Aunque los ambientes están separados por una distancia considerable, cerca de dos metros, no existe ningún vidrio ni pared que los aisle.

(Clarín)  Un fumador tuvo que salir del Bingo por fumar


   Según Rubén Lombardi, abogado de las cinco salas de bingo que funcionan en la Ciudad, la recaudación en el local de Caballito cayó casi el 50% desde que no se puede fumar. En el resto de los bingos (Flores, Belgrano, Lavalle y Congreso) todavía se puede fumar pero sus encargados están a la espera de la resuluciónde la Justicia en lo Contencioso Administrativo.