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martes, 16 de noviembre de 2010

DÉCADA INFAME EN VILLA CRESPO

    Como ya he mencionado en otro posteo, la cancha del Club Atlético Chacarita antiguamente quedaba al lado de la de Atlanta. Por este motivo ambos equipos son históricos rivales aunque ya no sean vecinos ni compartan la misma categoría del Torneo AFA.

    Durante el campeonato de 1940, época en que la corrupción sacudía con mucha fuerza a nuestro país, los equipos de Villa Crespo estaban peleando el descenso. Como el Funebrero necesitaba sumar puntos con urgencia el dirigente Clesio Berra visitó al arquero de Newell's Old Boys Aldo Ramaciotti para ofrecerle un soborno.

    El  guardameta de la Lepra  simuló estar interesado y dio aviso a la Comisión Directiva del club para que realizara la denuncia policial. El dinero sería entregado a su hermano, supuestamente para no levantar sospechas, en un bar de Rosario.

    El mismo domingo, antes del comienzo del partido, Berra, junto con el representante de Chacarita en la ciudad asistieron al bar en donde estaba pactado el encuentro. Cuando se disponían a entregarle el dinero al hermano del arquero la policía detuvo a los dos corruptos.
   


    Después de la difusión de la noticia en los diferentes medios Chacarita desmintió públicamente la vinculación de aquellos dirigentes con la institución. En el Parque de la Independencia el partido se jugó con normalidad, Newell's ganó 4-0 y su arquero fue homenajeado con una medalla dorada "a la honestidad deportiva".

    El 19 de septiembre de ese mismo año el Tribunal de Penas de la AFA  suspendió por tres meses al Funebrero , aunque la sanción se redujo a a 45 días por buena conducta.

    A Chacarita, que no pudo jugar algunos partidos, no le alcanzaron los escasos puntos que cosechó durante la segunda etapa del torneo y perdió la categoría.

sábado, 23 de octubre de 2010

EN NÚÑEZ Y BELGRANO, 1984

    Después de leer el libro 1984,  novela del apodado George Orwell (Eric Brair), me pregunté qué podía tener en común con este blog que dedica sus humildes actualizaciones a conocer un poco más sobre la Ciudad de Buenos Aires.
    Algunas ideas se desprendieron rápidamente:

    Si en aquella sociedad ficticia que plantea el autor había represión y manipulación de información, en Argentina había un reflejo clarísimo, situado a fines de los '70 y principios de los '80.
    Decidí compartir con ustedes un texto que escribí hace dos años y busca, en principio, conocer una "historia detrás de la historia" y además mostrar cómo un "líder", al igual que el Gran Hermano, puede vigilar, perseguir y aniquilar a gusto y piacere. Para Winston Smith era un riesgo mortal encontrarse con Julia y para los argentinos, el sólo hecho de encontrarse reunidos los podía convertir en subersivos conspiradores, que podían ser vaporizados



    En estas líneas, al igual que en las de Orwell, se hará referencia al "patriotismo" utilizado como una herramienda de estupidización, así como en los Dos Minutos de Odio de la imaginaria ciudad de Londres.

(El texto fue escrito en el marco de la conmemoración del 30º aniversario del Mundial de 1978)

FERNANDO VIETRI

La Hinchada del Mundial


El 24 de Marzo de 1976 la Junta militar tomó las riendas del país, dando comienzo al más aberrante acto genocida de la historia argentina. Exilios, torturas, desapariciones y asesinatos se combinaron con la algarabía popular tras el título mundial de la Selección en 1978.

Los militares impusieron el terrorismo de Estado, apoderándose de muchos organismos democráticos y censurando cualquier participación popular. Este "Proceso de Reorganización Nacional" dejó más de 30 mil desaparecidos y fue un movimiento que buscó desarticular la lucha popular organizada para imponer un plan económico a cuenta de fusilamientos, torturas y represión desmedida. En este contexto, Argentina fue anfitrión del Mundial '78.

Existen versiones que vinculan la elección del país como sede con el secuestro del hijo de un diplomático brasilero. Al parecer el presidente de la FIFA pidió la intervención del titular del gobierno de facto, Jorge Rafael Videla, para evitar un conflicto bilateral y a cambio le otorgaría la localía del Campeonato Mundial. Esto le daba la posibilidad de desviar la atención del pueblo y limpiar la imagen internacional que estaba quebrantada por el constante cuestionamiento sobre las violaciones de los derechos humanos.

No es casualidad que el futbol haya sido utilizado como elemento fundamental de distracción: los militares tenían en claro que era el único motivo que unía por completo al país, sin diferenciar clases sociales o divergencias políticas, y que además potenciaba el patriotismo a niveles inimaginables. Así fue que, paralelo al gran delito de lesa humanidad más grande de nuestra historia, recibimos por única vez el evento deportivo más importante del mundo y festejamos hasta el cansancio.

Fernando Vietri tenía 19 años cuando Videla inauguraba el Campeonato en el Estadio Monumental, al ritmo de la marcha militar. Fue parte de la "Hinchada del Mundial", resultado de una fusión entre los barra brava de San Lorenzo, Deportivo Riestra y Chacarita. Esta unión, promovida por el periodista José María Muñoz, presenciaba todos los partidos y contaba, al igual que las hinchadas de hoy en día, con ciertos privilegios para conseguir entradas y trasladarse a los estadios. Si bien estos hinchas tenían buena relación, no existía una unificación para los cantos de aliento; como cada grupo tenía sus propias canciones optaban por cantar solamente los temas que el resto del estadio entonaba.

El hermano de Fernando frecuentaba un bar en Avenida La Plata y Chiclana (barrio de Pompeya), donde se juntaba con hinchas de San Lorenzo. Éstos decidieron incluir a Fernando en la lista de personas que ingresarían gratis a todos los partidos.

Los micros que trasladaban a este gran grupo de fanáticos salían de la sede de Deportivo Riestra e iban encabezados por militares vestidos de civil. El gobierno les proporcionaba el traslado y las entradas gratis, junto con una remera blanca con el logotipo del conocido gaucho del '78 que los identificaba como "La Hinchada del Mundial".

Fernando recuerda el fervor del hincha argentino, que no miraba más allá de lo que sucedía frente a sus narices. Por esos días, no existía otra preocupación que no se relacionara con la pelota, la cancha y la copa. El Monumental estallaba en gritos de aliento y felicidad, mientras a pocos metros funcionaba el peor centro de tortura y exterminio, la Escuela de Mecánica de la Armada.

El hincha de entonces, un poco menos influenciado por drogas y comportamientos vandálicos, tampoco podía apaciguar el fanatismo desmedido. Ese hincha es el que festejó un dudoso 6-0 frente a Perú y el que no se preguntó que ocurría con el país mientras los papelitos y las banderas cubrían todo. Fernando asegura que se sintieron usados, que con el correr del tiempo pudo darse cuenta de que el Mundial fue utilizado para cubrir las atrocidades del gobierno militar. "Yo tenía 19 años, mucho no me daba cuenta, pero después cuando me enteré de todo lo que pasaba me dio mucha bronca. Era muy poca la gente que se daba cuenta de lo que estaba pasando", recuerda Fernando.

  

El festejo de la gente, quizá inconciente e inocente, fue una manera de pausar la opresión, de volver a la calle y tener derecho a gritar, a expresarse. La mayoría de los argentinos no tenían conocimiento de lo que sucedía en los centros de detención clandestinos, pero sí sabían de las censuras y el estado de sitio. Sabían que estaba expresamente prohibida la actividad política, la deambulación nocturna y el pelo largo en los hombres. Se sentían oprimidos y de algún modo necesitaban descargarse, expresando la alegría que nos regala el fútbol. Esa alegría que no se pregunta ni cómo ni por qué.

martes, 5 de octubre de 2010

UN BILLAR DE ANTAÑO

    Caminando por las calles de Villa Crespo me propuse averiguar cuál era, para el entender de los vecinos, el lugar más representativo del barrio. No hubo unanimidad, pero casi. Por sobre Don León Kolbovsky, el estadio de Atlanta, el elegido fue el bar San Bernardo.



    Este sitio, que aún se encuentra en la avenida Corrientes y Acevedo, fue la primera sede del Banco Nación de Villa Crespo. Más tarde, gracias a la legendaria Parroquia San Bernardo (patrimonio histórico-cultural de la C.A de Bs. As), tomó su nombre y lo reconfirmó con una famosa estatua de un perro de esta raza que, según creían los vecinos, custodiaba la tranquilidad del lugar.

    En 1930 uno de sus dueños, Don Lacave, había acumulado más de veinte mesas de billar y logró que el modesto barcito fuera el que más capacidad tenía para este tipo de competencias en toda la ciudad. De esta manera comenzaron a acercarse prestigiosos billaristas de la época, que realizaban exhibiciones para que cientos de porteños celebraran, entre licores y tabaco.

    Con el correr del tiempo, el ajedréz comenzó a atraer mucho público también, generándose en  San Bernardo grandes competencias, que, aunque parezca increíble, generaban riñas y discusiones día a día. En el piso superior funcionaba un club barrial, que cerró sus puertas hace tiempo pero conserva intacta su fachada.

    Uno de los mozos del bar, con el pecho inflado, comenta que grandes celebridades de época desfilaron por allí (Alberto Podestá, Amadero Mandrino, el dúo Los Carpi, Roberto Rufino, el trío Scarpino, Canderella y Mazzonido. Este último generaba admiración al hacer sonar dos bandoneones al mismo tiempo, uno en cada mano).

    Actualmente el bar cuenta con seis mesas de pool, siete de billar y una de ping-pong. Y al acercarse a la barra uno puede solicitar alguno de los veinticuatro mazos de cartas o un cubilete para jugar a los dados, de entre los doce que conservan en una antigua caja de madera. También se puede jugar al dominó, al burako y existe un tímido mazo de Póker que acumula tierra en un estante.

    Según comenta el cocinero del lugar, el bar centenario considerado como parte del circuito turístico de Villa Crespo*[1], reúne todos los mediodías más de quince ancianos que se juntan a charlar de fútbol y a desafiarse en los distintos juegos disponibles.




[1] Según la Subsecretaría de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires, gracias a la intervención de la Junta Barrial y de estudios históricos de Villa Crespo (fundada el 5 de julio de 1976)
   

sábado, 2 de octubre de 2010

BOEDO: VOLVER A LA TIERRA SANTA

    En Avenida la Plata, entre Inclan y Las Casas, vivió un gigante. Era un hogar con espacio para 75 mil almas. Allí se acunaron ilusiones y desilusiones teñidas de azulgrana. Allí, en ese monumento de tablones, se produjo la herida más profunda para el pueblo sanlorenciasta. Todavía, después de muchos años sangrando, los hinchas del Ciclón sueñan con volver a pisar esas tierras.




    El estadio fue inaugurado en 1916, en un partido oficial contra Estudiantes de La Plata, y la selección argentina lo adoptó como sede para disputar los encuentros internacionales. En 1929 se jugó el Campeonato Sudamericano allí y un año más tarde se finalizaron las obras de construcción.

    El Viejo Gasómetro, que nunca tuvo un nombre oficial, fue bautizado por la similitud de su fachada con los depósitos de gas que en aquella época abundaban en la ciudad.
   
    Una profunda crisis económica y la intención del gobierno de abrir dos calles en aquellos terrenos obligaron al Ciclón a tomar la decisión más difícil de su historia: resignarse a abandonar su casa.

    En 1979 se dictó la ley que decretaba la “reordenación urbana”, prohibiendo la construcción de centros comerciales o supermercados allí, y el 2 de diciembre de ese mismo año el club de Boedo se despidió de su estadio con un 0 a 0 contra Boca.


    Sabiendo que era una medida irreversible y que sería el adiós definitivo, los hinchas desmantelaron el “Wimbley Porteño”, apoderándose de alambrados, asientos e incluso pedazos de tablones. [El goleador José Sanfilippo admitió haber armado una pequeña tribuna en su casa-quinta con las maderas del Viejo Gasómetro].

    Tan sólo por 900 mil dólares San Lorenzo entregó su cancha, para que más tarde la sociedad anónima que la había comprado se la revendiera a la cadena francesa Carrefour por 8 millones. (La inhibición para supermercados había sido levantada en 1983).

    El pueblo azulgrana, tan bohemio como Atlanta, peregrinó por diferentes canchas hasta 1993, año en que se levantó el estadio Pedro Bidegain.

    Hoy, después de 31 años, los hinchas de San Lorenzo, con la herida tan abierta como siempre, siguen jurando que no van a parar hasta volver a Boedo…

jueves, 9 de septiembre de 2010

UN ZOO EN PARQUE PATRICIOS

     A principios del siglo XX la ciudad de Buenos Aires era testigo de un pueblo que se estaba emancipando, que quería una identidad propia. Las costumbres porteñas comenzaban a arraigarse y asimismo a despegarse de aquello que los extranjeros proponían.    
    La clase trabajadora y humilde debía recorrer enormes distancias para acercarse hasta sus puestos de trabajo, ir de compras e incluso para visitar lugares de esparcimiento. Esto fue precisamente lo que llevó al geólogo y paleontólogo Clemente Onelli, de la mano de Alvear, a realizarle un obsequio a la marginada zona sur de la Ciudad de Buenos Aires.



    En lo que hoy conocemos como el Parque Patricios funcionó el único jardín zoológico de la ciudad, además del histórico y reconocido del barrio de Palermo.
    Onelli, un estudioso de la naturaleza, intentó entregarle al sector trabajador la posibilidad de apreciar una fauna que jamás habría de conocer, porque el viaje y precio de la entrada le resultaban inaccesibles. Con los pocos recursos que le brindó el gobierno de la ciudad reunió un camello, un dromedario, cuatro cebúes, dos guanacos y dos avestruces. Y aunque en nuestros tiempos estos animales no resulten atractivos, en aquel entonces tenían un significado invaluable para quienes no contaban con ningún divertimento.
    Con el tiempo el “Zoológico del Sur”, como lo llamaron, fue incorporando atracciones, como la cabrería municipal. En este sitio una multitud de personas formaba fila para tomar leche fresca recién ordeñada.



    “Era un zoo temático con arquitectura romana antigua, el pabellón de los felinos y los osos era una copia del acueducto de Claudio, con una serie de arcos mayores y menores que servían de jaulas y guaridas para estos animales. El depósito de forrajes estaba en “el ara de Júpiter”, las aves exóticas en el pabellón de “erecteon” y al fondo un espectacular palomar romano”, según recuerda un historiador de Parque Patricios.
Clemente Ornelli estaba convencido de que este paseo humilde que lograba concentrar 30 mil personas por fin de semana debía solventarse de alguna manera. La entrada libre y gratuita estaba provocando el deterioro del lugar porque los fondos estatales que recibía eran bajísimos.
    En 1924 muerió el fundador de este zoo para trabajadores de zona sur y, sin su activa participación, el sueño de compartir las bellezas de la naturaleza con los menos acaudalados se desvaneció. En 1938 las puertas se cierran definitivamente y se levanta un centro de deportes y recreación.
    Hoy en día no ha quedado ni siquiera una placa recordatoria de aquel lugar maravilloso de Parque Patricios que casi todos desconocen.